Kim Novak — Una extraña en Hollywood
Kim Novak (Chicago, 1933) es considerada la última estrella del Hollywood clásico. En las décadas de los cincuenta y sesenta trabajó con cineastas como Otto Preminger, Joshua Logan, Richard Quine o Billy Wilder, pero será su papel dual como Madeleine/Judy en ‘Vértigo’, de Alfred Hitchcock, la que la convirtió en un icono indeleble de la historia del cine. Con motivo del León de Oro a toda su trayectoria, que recibirá en el próximo Festival de Cine de Venecia, repasamos la carrera de una estrella a la que quisieron moldear a imagen y semejanza de otras (Rita Hayworth, Marilyn Monroe), pero que siempre consiguió resistirse a ello.
María Adell Carmona
28 de agosto 2025
Es hasta cierto punto lógico que los personajes que Kim Novak encarnó en la cima de su carrera como actriz, entre inicios de los años cincuenta y mediados de la década siguiente, estuvieran caracterizados por la escisión o dualidad identitaria. Al fin y al cabo, Novak, cuyo nombre real era Marilyn Pauline Novak, había llegado a Hollywood para sustituir a una de sus mayores estrellas femeninas, Rita Hayworth, y, a mismo tiempo, para convertirse en la respuesta de Columbia, la major dirigida con mano de hierro por Harry Cohn, a la Marilyn Monroe de la 20th Century Fox. Marilyn Novak perdió, pues, su nombre al ser contratada en Columbia en 1953, cuando solo tenía 20 años. Tal y como afirma Karina Longworth en el episodio de su fabuloso podcast “You Must Remember This” dedicado a la actriz, “en el universo de las marcas de Hollywood, no podía haber dos Marilyn, así que, desde el inicio, tuvo que convertirse en alguien diferente para poder destacar por sí misma”. Cohn, quien, hasta su temprano fallecimiento en 1958, siempre aseguró que había sido él quien la había creado y moldeado para ser la superestrella que fue, le propuso el nombre de Kit Marlowe, a lo que ella se negó, manteniéndose firme en conservar su apellido familiar, de origen polaco, aunque su familia tuviera raíces en Chequia.
La del nombre (al fin y al cabo, la de su identidad) fue sólo la primera batalla que Novak luchó, y ganó, en un Hollywood que se derrumbaba. Está considerada la última gran estrella del viejo sistema de estudios y una actriz de transición entre el modelo clásico hollywoodiense y un nuevo sistema en el que los estudios, o lo que quedaba de ellos, convivían con productoras independientes. En este marco, el que el trabajo se organizaba en torno a proyectos concretos en vez de a través de la realización de productos en serie. Según Vicente J. Benet, este nuevo sistema de producción provocó que “cada filme debía reunir equipos técnicos y artísticos pensados ad hoc y, por este motivo, la estrella ocupaba un papel fundamental como elemento cohesivo de la producción. (…) Consecuentemente, las estrellas mantenían una coherencia iconográfica menos maleable y más conservadora que la que se producía en el studio system. Si una fórmula funcionaba, las posibilidades de encasillamiento crecían”. Estrellas características de los cincuenta, como Marilyn Monroe, Ava Gardner o, en España, Sara Montiel (o Gina Lollobrigida en Italia), se caracterizaron por desplegar estas “fórmulas icónicas estáticas”: todas ellas fueron estrellas con cuerpos esculturales y una presencia cinematográfica rotunda que solían encarnar, casi siempre (y con importantes excepciones), un mismo tipo de personaje, un arquetipo vinculado a un sex appeal desbordante. Con su físico imponente y su pelo rubio, casi blanco, Kim Novak encaja a la perfección en este nuevo modelo de estrellato femenino de los cincuenta que Hollywood se encargó de filmar, espectacularmente, en brillante Technicolor y en pantalla panorámica, convirtiendo los cuerpos de estas mujeres en irresistible centro de atracción para un público que se alejaba cada vez más de las salas de cine. Sin embargo, en Novak se intuye algo más: una cierta opacidad en sus interpretaciones, el atisbo de un malestar interior que se oculta tras esa superficie brillante, que muestra, desde bien temprano, la resistencia de la intérprete a ser catalogada, simplemente, como una blonde bombshell intercambiable por otras actrices de la época de apariencia similar, como Jayne Mansfield.