Locarno — Un palmarés con pocas directoras
A pesar de no acumular demasiados premios, el cine de mujeres se hizo notar en el certamen suizo, siempre generoso a la hora de programar a mujeres cineastas en todas sus secciones.
Eulàlia Iglesias
28 de agosto 2025

Blue Heron
El palmarés de la 78.ª edición del Festival Internacional de Cine de Locarno, uno de los más parcos en premios del panorama de certámenes de clase A, reconoció con dos galardones, el Premio del Jurado y uno de los dedicados a la mejor interpretación, White Snail, el primer largo de ficción del tándem formado por Elsa Kremser y Elvin Peter. Conocimos a esta pareja de cineastas de Austria también a través de Locarno, donde en 2019 presentaron dentro de la sección Cineastas del presente Space Dogs, una espléndida no ficción que revisaba la carrera espacial soviética y la Rusia contemporánea a partir del papel que tenían los animales, en una propuesta clave en el cine no antropocéntrico. Con White Snail se ubican en un escenario postcine de la crueldad. Partimos de un contexto propio de esta tendencia: una Bielorrusia aislada y sin horizontes de futuro donde coinciden dos personajes fascinados por la muerte. Ella es una modelo con tendencias suicidas, aunque parece tener una carrera prometedora; él es un trabajador del turno nocturno de un depósito de cadáveres que vive con su madre y dedica los ratos libres a pintar cuadros de temática macabra. La primera escena del filme, en la que vemos a la protagonista con una bolsa de plástico en la cabeza, parece anticipar que el cineasta y la cineasta se recrearán en estos aspectos más crueles y morbosos de los personajes. Pero el interés de White Snail radica en cómo Kremser y Peter trascienden las expectativas para proponer una relación armoniosa entre dos personajes fascinados por la oscuridad, sin caer en todos los potenciales giros oscuros que presentaba la historia. Buena parte del atractivo de White Snail se basa en el carisma de la actriz y el actor protagonistas, Marya Imbro y Mikhail Senkov, que trabajan a partir de experiencias personales y, en gran parte, mediante la improvisación. Tanto él como ella se llevaron uno de los Leopardos a la mejor interpretación. El otro recayó en la chilena Manuela Martelli y en la croata Ana Marija Veselčić, actrices protagonistas de God Will Not Help, segundo largo de Hana Jusic, en el que sobre todo Martelli lleva a cabo uno de esos tour de force interpretativos que huelen a premio, en el papel de una mujer viuda que busca su lugar en la familia y la tierra de su difunto marido, un emigrante croata que se marchó a Chile en busca de mejor fortuna. Jusic plasma la tenacidad de una mujer que se las arregla para comunicarse más allá de la lengua (muy potente el rol que juegan las imágenes y los sueños como elemento narrativo en el filme) y acaba forjando una conexión con su cuñada, a la que el resto de la familia margina continuamente.