REPORTAJES

Kristen Stewart — Las interminables variaciones de una estrella-autora

Con motivo del estreno de “La cronología del agua”, el debut en el largometraje de Kristen Stewart, repasamos la insólita y osada trayectoria de una estrella que, en menos de una década, mutó de ingenua heroína de la saga juvenil “Crepúsculo” a icono y estrella ‘queer’. Sus colaboraciones con cineastas como Olivier Assayas, Kelly Reichardt, David Cronenberg (quien la dirigió en “Crímenes del futuro” en 2022) o Rose Glass le han permitido dejar muy atrás a Bella Swan y recorrer un camino hacia la independencia, así como llevar a cabo una insólita transformación artística e identitaria, construida de forma absolutamente consciente por parte de la actriz.

María Adell Carmona

Kirsten stewart

Entre 2008 y 2012, cuando la fiebre Crepúsculo estaba en pleno apogeo, Kristen Stewart (Los Ángeles, 1990) parecía estar en todas partes, pero, sobre todo, parecía no sentirse cómoda con la posición en la que esa fama fulgurante la había colocado. Su aparición en la gala de los People’s Choice Awards de 2011, sentada en primera fila y flanqueada por sus compañeros y compañeras de reparto en la saga vampírica, Robert Pattinson (su pareja en aquel momento) y Taylor Lautner, constituye una buena muestra del sentimiento de inadecuación que transmitían sus apariciones públicas de la época: la actriz, que había empezado a rodar Crepúsculo (Catherine Hardwicke, 2008), la primera de las cinco películas de la saga, cuando tenía sólo 17 años, movía repetidamente una de sus piernas, se llevaba la mano nerviosamente a la boca y cruzaba los brazos o miraba hacia abajo denotando una evidente incomodidad. Esos tics nerviosos, resultado de la ansiedad que la intérprete sufrió en su adolescencia y juventud y que ha comentado públicamente en diversas entrevistas, se convirtieron inmediatamente en el rasgo más idiosincrático de una performance completamente insólita que borraba la línea entre personaje e intérprete y que, en un primer momento, fue criticada por su combinación de inexpresividad y gestualidad excéntrica, ausente y repetitiva. Tan criticada, de hecho, que, tal y como recuerda el investigador Milan Hain en “From Shy Tomboy to Queer Icon”, un excelente artículo sobre Stewart (y uno de los pocos centrados en la espectacular evolución de la imagen de la actriz como estrella durante la última década), “en el mismo año en que Forbes anunció que era la intérprete mejor pagada de la industria, recibió el premio Razzie a la peor actriz” por sus trabajos en Amanecer – Parte 2 (Bill Condon, 2012) y en Blancanieves y la leyenda del cazador (Rupert Sanders, 2012).

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