Cannes — 2026: El Cannes más queer
Más que títulos especialmente destacados, la revisión de los primeros días de la 79.ª edición del Festival de Cannes nos confirma un par de tendencias positivas: la proliferación de protagonistas complejas sin necesidad de ser extraordinarias y el fin de la heteronormatividad como marco general de los personajes femeninos.
Eulàlia Iglesias
20 de mayo 2026
Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma
Aunque marque tendencia en otros aspectos cinematográficos, el Festival de Cannes siempre llega tarde a la hora de incorporar perspectivas no hegemónicas como las feministas y las queer, sobre todo en las secciones oficiales a concurso. En esta edición parece romperse esta inercia, en vista de la gran cantidad y calidad de los personajes femeninos que hemos encontrado en films de todo tipo, y por el significativo número de protagonistas que dejan de estar instaladas en la heterosexualidad sin que su decisión suponga conflicto alguno.
Cannes es cada vez más queer. En este sentido, ha resultado toda una declaración de intenciones inaugurar Un certain regard, la competición hermana pequeña de la oficial, con Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma, el tercer largometraje de Jane Schoenbrun, una revisión meta y queer del slasher que poco tiene que ver con el tipo de filmes presentes habitualmente en el certamen. Cannes ha tenido vista a la hora de programar cineastas que han cultivado un estatus de culto gracias a sus dos primeros largos, We all going to the world’s fair y I saw the TV glow, y que con esta propuesta dan el salto definitivo a los circuitos internacionales. Schoenbrun presenta un film más ambicioso en todos los aspectos: trabaja con dos actrices reconocidas, Hannah Einbinder y Gillian Anderson, a quienes hace brillar cada una en su propio registro; dispone de más presupuesto y revisa un subgénero con tirada comercial desde una perspectiva muy personal. Lejos de quedarse en otro homenaje al slasher, posmoderno, hiperreferencial y lleno de elementos pop (que también lo es), Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma va más allá y plantea qué nos fascina del terror, a través de la relación entre una directora a punto de rodar el enésimo reboot de la saga del título, y la actriz que encarnó la final girl de la primera entrega. Sin dejar de celebrar el aspecto más visceral y divertido del género, resulta fascinante cómo la película de Schoenbrun ofrece una vuelta de tuerca teórica e inédita a los debates mulveyianos en torno a mirar y ser mirada, para reivindicar una perspectiva menos binaria y más entregada de la experiencia cinematográfica.