Crítica — Quién vio los templos caer: El eclipse del mundo
En su ópera prima, la joven cineasta granadina Lucía Selva filma una historia que se mueve entre la fantasía y la realidad, el presente y el pasado, la nostalgia y la contemplación, dando forma a una crítica contundente e imaginativa sobre la transformación acelerada de su ciudad natal.
Daniela Urzola
23 de abril 2026
Quién vio los templos caer
País España
Año 2026
Dirección Lucía Selva
Guion
Lucía Selva
Joan López Alonso
Producción
Mubox Studio
59 en Conserva
Reparto
José Fernández
Anas Derbal
Fotografía Jan Haase
Montaje
Alicia Tapounet
Lucía Selva
Música Martí Valverde
Distribución Mubox Studio
Duración 72’
Género Documental
Fecha de estreno 24 de abril
Sinopsis
Desde hace dos siglos, Chorrojumo, el que un día fue "el Rey de los Gitanos", deambula en silencio por las calles de Granada. La llegada de Anas, un joven de origen marroquí en busca de la casa de sus antepasados y antepasadas, inicia una búsqueda por las ruinas de la ciudad en transformación.
Quién vio los templos caer
País España
Año 2026
Dirección Lucía Selva
Guion
Lucía Selva
Joan López Alonso
Producción
Mubox Studio
59 en Conserva
Reparto
José Fernández
Anas Derbal
Fotografía Jan Haase
Montaje
Alicia Tapounet
Lucía Selva
Música Martí Valverde
Distribución Mubox Studio
Duración 72’
Género Documental
Fecha de estreno 24 de abril
Sinopsis
Desde hace dos siglos, Chorrojumo, el que un día fue "el Rey de los Gitanos", deambula en silencio por las calles de Granada. La llegada de Anas, un joven de origen marroquí en busca de la casa de sus antepasados y antepasadas, inicia una búsqueda por las ruinas de la ciudad en transformación.
"El milagro que van a presenciar es posible gracias a la fe de todas las personas que han participado en este film". Este rótulo abre Quién vio los templos caer antes de dar paso a unos créditos que veremos al inicio en lugar del final. No es un gesto arbitrario, sino uno que anticipa el espíritu que mueve la ópera prima de Lucía Selva, descolocando, desde un primer momento, nuestra percepción del tiempo para apelar a la fantasía como medio para conocer y retratar la realidad.
Planos de iglesias, edificios y cuevas presentan una Granada entre el folclore y la fantasmagoría. La ciudad es la protagonista y, con ella, dos hombres. El primero, Chorrojumo, encarna la tradición oral: un gitano del siglo XIX que, cuenta la voz en off, "recorría Granada enseñándola a los primeros viajeros que llegaron a esta tierra en busca de otros tiempos". Chorrojumo interactúa con algunas de las personas que habitan la ciudad contemporánea –surge la pregunta sin respuesta sobre si es un espectro o un hombre real– hasta que conoce a un joven de origen marroquí en busca de una puerta que lo llevaría a sus antepasados y antepasadas. En un quiebre de temporalidades, juntos deambulan (hay algo ritualístico aquí también) por los recovecos de una ciudad en la que se percibe simultáneamente el peso del presente y el pasado.
Este contraste atraviesa toda la película: la magia propia del encuentro entre estos dos personajes choca constantemente con la presencia ineludible de turistas haciendo fotos de la Alhambra, hablando en idiomas diferentes y perdiéndose por las mismas callejuelas en las que una mujer tiende la ropa o tres chicos se sientan a pasar la tarde. Gestos sutiles que se acompañan de otros símbolos más evidentes, como el de la bandera de Andalucía rota o la publicidad de "cuevas de lujo" justo cuando Chorrojumo sale de una de estas construcciones típicas de la zona, históricamente ligadas a la clase trabajadora y la población gitana.