Crítica — Tres mujeres: Silencio heredado
El tercer largometraje de la directora tunecina Leyla Bouzid estudia el silencio como un mecanismo de invisibilización que oculta lo queer en el contexto social islámico. Presente en la Sección Oficial de la 76.ª edición de la Berlinale, la cinta sigue a Lilia, una joven tunecina que vuelve a su hogar tras la repentina muerte de su tío Daly.
Elena del Olmo
21 de mayo 2026
Tres mujeres (À voix basse)
Año 2026
País Túnez y Francia
Dirección Leyla Bouzid
Guion Leyla Bouzid
Producción
Unité de production
Cinétéléfilms
Reparto
Eya Bouteraa
Hiam Abbass
Salma Baccar
Marion Barbeau
Feriel Chamari
Karim Remadi
Fotografía Sébastien Goepfert
Montaje Lilian Corbeille
Música Guillaume Humery
Distribución La Zona
Duración 113 min
Género Drama
Fecha de estreno 22 de mayo de 2026
Sinopsis
De regreso en Túnez para el funeral de su tío, Lilia se reencuentra con una familia que no sabe nada sobre su vida en París, especialmente sobre la amorosa. Decidida a desentrañar el misterio que rodea la repentina muerte de su tío, Lilia se enfrenta a secretos familiares en una casa donde tres generaciones de mujeres cohabitan entre silencios y tradiciones.
Tres mujeres (À voix basse)
Año 2026
País Túnez y Francia
Dirección Leyla Bouzid
Guion Leyla Bouzid
Producción
Unité de production
Cinétéléfilms
Reparto
Eya Bouteraa
Hiam Abbass
Salma Baccar
Marion Barbeau
Feriel Chamari
Karim Remadi
Fotografía Sébastien Goepfert
Montaje Lilian Corbeille
Música Guillaume Humery
Distribución La Zona
Duración 113 min
Género Drama
Fecha de estreno 22 de mayo de 2026
Sinopsis
De regreso en Túnez para el funeral de su tío, Lilia se reencuentra con una familia que no sabe nada sobre su vida en París, especialmente sobre la amorosa. Decidida a desentrañar el misterio que rodea la repentina muerte de su tío, Lilia se enfrenta a secretos familiares en una casa donde tres generaciones de mujeres cohabitan entre silencios y tradiciones.
Las primeras secuencias de Tres mujeres, el tercer largometraje de la cineasta tunecina Leyla Bouzid, crean una escisión muy marcada en la vida de Lilia. La joven, de vuelta a su país natal por la repentina muerte de su tío, mantiene en secreto su vida en París, en una suerte de pacto silencioso con una familia que evita las preguntas y teme las respuestas. La propuesta de Bouzid plantea una estructura familiar sostenida por la herencia de un silencio impuesto, por la obligación de proyectar una imagen irreal, normativa y heterosexual ante una educación religiosa intolerante y queerfoba.
El momento en el que Lilia accede a su hogar natal por primera vez, un paneo de la cámara nos muestra los recuerdos de la joven, de infantes cantando en la parte trasera del coche. Estos fantasmas del pasado, que habitan un lugar congelado en el tiempo, se materializan en la casa familiar cuando una serie de niños y niñas dan brincos cantando en el funeral. La vivienda, como un personaje más, revela en cada una de sus habitaciones un silencio, una mentira y una mirada impenetrable del rostro de su madre o de su abuela, mientras una sucesión de hombres intenta, en el resguardo de la noche, acceder para despedirse del cuerpo de Daly, su tío.