Barbra Streisand — Ha nacido una estrella
Cantante de fama mundial, actriz reconocida con un Óscar en su primer papel protagonista, directora y productora cuando Hollywood no permitía el acceso a las mujeres a estas posiciones creativas… Barbra, diva, celebridad estratosférica de personalidad arrolladora y ‘bigger-than-life’, fue la primera en múltiples ocasiones, lo que le acarreó cierta fama de mujer ambiciosa, narcisista y otros adjetivos que, seguramente, no se aplican con tanta facilidad a hombres con trayectorias similares. Repasamos la extensa carrera como actriz y cineasta de Streisand con motivo de la Palma de Oro honorífica que le otorga el Festival de Cannes este año.
María Adell Carmona
14 de mayo 2026
Barbra Streisand (nacida con el nombre de Barbara Joan Streisand el 24 de abril de 1942 en Nueva York) ocupó en múltiples ocasiones, a lo largo de una extensa carrera en la música y en el cine que abarca más de seis décadas, la no siempre cómoda posición de ser "la primera mujer que". En 1977, ganó el Óscar a la mejor canción original por "Evergreen", que aparecía en su vehículo estelar Ha nacido una estrella (1976), convirtiéndose en la primera compositora que recibía el galardón. Yentl (1983), su largometraje de debut como directora, hizo de Streisand la primera mujer que dirigía, escribía, producía y protagonizaba una película dentro de la industria de Hollywood. Por esta misma película, ganó el Globo de Oro a la mejor dirección de comedia o musical, convirtiéndose en la primera cineasta en conseguir este premio. Pese a ello, el Óscar a la mejor dirección se le ha resistido: ni Yentl ni su siguiente película como directora, El príncipe de las mareas (1991), que estuvo nominada a siete estatuillas, fueron nominadas en la categoría de dirección. La Academia y la industria de Hollywood, a las que recientemente la estrella, con motivo de la celebración de su 75.º cumpleaños, no dudó en tildar de sexistas, intentaron enmendar el error invitándola a entregar un óscar histórico: el que ganó Kathryn Bigelow por dirigir En tierra hostil en 2010, convirtiéndose en la primera mujer en conseguirlo.
La relación de esta cantante superlativa, y con un éxito musical descomunal (ha ganado diez Grammy y sigue siendo una de las cantantes y compositoras más escuchadas y con mayor índice de ventas de la historia), con la industria del cine ha sido siempre, por tanto, algo ambivalente. Su carrera cinematográfica, que puede dividirse en dos fases bien diferenciadas (la primera abarca las películas que hizo como actriz entre finales de los años sesenta e inicios de los ochenta, mientras que la segunda se centra en sus esfuerzos como directora entre los ochenta y los noventa), se ha caracterizado desde el inicio por estar formada por obras que eran, básicamente, vehículos estelares para el lucimiento de los talentos (musicales y actorales) de la estrella. Y también por encarnar a personajes femeninos que parecen modelados a su imagen y semejanza: chicas o mujeres jóvenes que, pese a todos los condicionantes y limitaciones debidas su género, clase u origen, no dudan en alzar la voz y, de forma tozuda, exigir lo que les corresponde. En la crítica (bastante negativa) de Tal como éramos (1973) en The New York Times, Vincent Canby lo explica de forma clarividente: "La única cosa que hace que Barbra Streisand no sea una superestrella de la pantalla es que no es exactamente una actriz, ni destaca especialmente como comediante, sino que es, ante todo, una imitadora. Sin embargo, cuando esa imitación encaja a la perfección con su propia imagen pública —esa mujer dura, ambiciosa, perspicaz y capaz de reírse de sí misma— el resultado es de una eficacia arrolladora. Ocurrió en Funny Girl y vuelve a suceder, aunque sea por un instante, en su reciente colaboración con Sydney Pollack en Tal como éramos". En su descripción de la imagen pública de Streisand, Canby se dejaba un elemento fundamental, presente desde Funny Girl, afianzado en Tal como éramos y central en Yentl: su identidad como mujer judía y, por tanto, miembro de una comunidad que encarna una de las múltiples alteridades que ponen en tensión la ficticia idea de una Norteamérica blanca. Resulta curioso, y también digno de estudio, el hecho de que los espectaculares galanes (algunos de ellos auténticos sex symbols de la época) que compartían pantalla con Streisand encarnaran el ideal de belleza masculina de la Norteamérica WASP. Streisand, la chica judía "dura, ambiciosa y perspicaz", dotada de un perfil facial absolutamente reconocible y un talento musical inigualable, logró cortocircuitar, a lo largo de los setenta y parte de los ochenta, los estándares físicos que, supuestamente, debía tener toda estrella femenina que aspirara a protagonizar dramas o comedias románticas, formando heterodoxas parejas amorosas (en ocasiones también fuera de la pantalla) con estrellas masculinas, como los muy rubios Robert Redford, Ryan O’Neal, Kris Kristofferson o Nick Nolte, que encarnaban a la perfección justo lo que ella no era: esa Norteamérica blanca, anglosajona y protestante. Como veremos, en ocasiones, la dificultad de formar una pareja y de que el amor perdure debido a los respectivos y diferentes orígenes, e incluso del racismo y el clasismo de la sociedad norteamericana, está en la base de algunos de estos dramas. Pero, en el caso de Streisand, la alteridad también tiene que ver con el hecho de ser una mujer en un mundo de hombres, uno de los temas principales de una de sus películas más celebradas (y un homenaje evidente a sus orígenes hebreos), Yentl.