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Tesoros escondidos — El sueño de Adán: La ambigüedad deliberada

Hay una serie de autoras españolas que durante los noventa posicionaron la animación independiente en escaparates bastante notorios. Ganan premios importantes, se convierten en docentes imprescindibles en academias de bellas artes y de comunicación, y hacen una divulgación más que necesaria desde festivales, grandes y pequeños. Con esta recomendación de "El sueño de Adán" de Mercedes Gaspar (Premio Goya 1994), también pretendo celebrarlas un poco a todas.

Laura Ginès Bataller

El sueño de Adán: La ambigüedad deliberada

El sueño de Adán

Año 1994

País España

Dirección Mercedes Gaspar

Guion Mercedes Gaspar

Producción Mercedes Gaspar

Fotografía Ángel Sáenz
César Hernando

Animación Mateo Palmer
Arantxa Etxebarría
Patxi Sánchez

Música José Carlos Mac

Montaje Ángel López de la Llave

Distribución mercedesgaspar.com

Duración 8 min

Género Drama romántico

Premios Goya al mejor cortometraje de animación 1995.
Premio de la Crítica Internacional en el Festival de Oberhausen (Alemania).

Sinopsis

Teniendo como trama o motivo principal el relato bíblico de la creación del primer hombre, un cuerpo dormido y una serie de objetos conducirán, sin palabras, nuestra imaginación. Después de estos ocho minutos nos preguntaremos, con la libertad que el mismo cortometraje nos habrá dado, quién es el creador, quién desea a quién, o qué nos encarcela.

El sueño de Adán

Año 1994

País España

Dirección Mercedes Gaspar

Guion Mercedes Gaspar

Producción Mercedes Gaspar

Fotografía Ángel Sáenz
César Hernando

Animación Mateo Palmer
Arantxa Etxebarría
Patxi Sánchez

Música José Carlos Mac

Montaje Ángel López de la Llave

Distribución mercedesgaspar.com

Duración 8 min

Género Drama romántico

Premios Goya al mejor cortometraje de animación 1995.
Premio de la Crítica Internacional en el Festival de Oberhausen (Alemania).

Sinopsis

Teniendo como trama o motivo principal el relato bíblico de la creación del primer hombre, un cuerpo dormido y una serie de objetos conducirán, sin palabras, nuestra imaginación. Después de estos ocho minutos nos preguntaremos, con la libertad que el mismo cortometraje nos habrá dado, quién es el creador, quién desea a quién, o qué nos encarcela.

Descubro a Mercedes Gaspar hace ya unos veinte años, gracias a la entrevista que le hacen Isabel Herguera y Bego Vicario en el libro Mamá, quiero ser artista. Entrevistas a mujeres del cine de animación (2004. Ocho y medio. Libros de cine). En animación, a menudo la experimentación visual y sonora más potente se ejerce desde producciones muy independientes o próximas a circuitos comerciales adyacentes, como el de las artes visuales. Pero Gaspar consigue empujar el lenguaje de la imagen hacia lugares que eran impensables en aquel momento, desde la industria misma del cine y la televisión.

Realizadora de televisión, guionista y productora, llega a la animación por una razón rotunda y pertinente: porque el guion se lo pide. Y una vez descubre que con la pixelación (grabación interrumpida, fotograma a fotograma, de actores, actrices y objetos) la imagen entra en una realidad donde todo es posible, ya sólo se le ocurren historias para ser representadas en este lenguaje. Sus piezas animadas nos enseñan muy claramente aquello de que el contenido y la forma son indiscernibles.

Después de esta pieza, Mercedes Gaspar dirige muchas otras resueltas con los mismos recursos (Esclavos de mi poder, Las partes de mí que te aman, El sabor de la comida de lata, entre otras). En todas reconocemos referentes clásicos del surrealismo que la autora ha señalado siempre como influencia, como Man Ray, Buñuel o Magritte. Y en relación con el uso del stop-motion, podríamos alinear sus películas con las de figuras como el checo Jan Švankmajer, si bien es un autor que ella no conoció hasta unos años más tarde.

Para poder definirlo rápido, podríamos decir que la pixelación (técnica clásica de nombre un poco confuso) es un stop-motion donde se usan actores y actrices como si fueran muñecos. Por lo tanto, la supuesta extrañeza que nos provoca que aquello inanimado se mueva, se une a la que nos causa la vivacidad un punto artificiosa de una persona real. Y sí, estos actores y actrices se tienen que someter a largas horas de rodaje de centenares de posiciones estáticas sucesivas. Tanto es así, que Mercedes Gaspar se ha autodefinido en alguna ocasión como maltratadora de intérpretes, y reconoce que si encuentras aliadas en la interpretación que tengan también este afán experimentador, mucho mejor.

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