Cuatro largometrajes claves del cine lésbico catalán contemporáneo
Con motivo del Día del Orgullo repasamos cuatro títulos recientes del cine catalán que demuestran la diversidad en la representación de las identidades, experiencias y deseos lésbicos y no heteronormativos de las mujeres.
Redacción
18 de junio 2026
La amiga de mi amiga
El cine lésbico ha sufrido, a lo largo de la historia y en todo el planeta, una doble discriminación: la que afecta a la exclusión de las mujeres detrás de las cámaras y la que nos habla de la represión del deseo entre mujeres. Todo ello provoca que las películas firmadas por mujeres lesbianas que plasman esta experiencia en la pantalla sean todavía muy minoritarias respecto al grueso de la producción mundial. En Catalunya, cuya cinematografía arrastra sus propias circunstancias históricas de ahogo, la situación no es mucho mejor. Hasta el año 1995 no encontramos la primera película lésbica, Costa Brava, firmada por Marta Balletbò-Coll, a quien la compañera Marla Jacarilla entrevistó la semana pasada justo para reivindicar este hito.
Después de unos años de sequía, la escena comienza a animarse. Sobre todo, gracias a un contexto propicio que impulsa en parte la existencia de estas películas alternativas. Un ecosistema que conforman diferentes circunstancias e iniciativas: la nueva ola de mujeres directoras, las acciones de Mujeres Visuales (y programas como Simfonies de ciutat, que promueven con el CCCB), la existencia de certámenes sensibles a las sexualidades divergentes como la Mostra de Films de Dones, el D’A Film Fest, el FIRE!! o el FICGLB, y plataformas inclusivas como Filmin… Una red que ha generado un colectivo de cineastas (ellas, pero también ellos y ellis) que a menudo colaboran juntas o se apoyan en sus proyectos, por lo que el deseo entre mujeres va ganando terreno, poco a poco, en nuestras pantallas.
Os presentamos cuatro largometrajes recientes que hablan de la potencia, la diversidad y la variedad de formatos del cine lésbico en Catalunya.
Ver a una mujer (2017) Mònica Rovira
Antes de Jeanne Dielman, Quai de Commerce, 23, 1080 Bruselas (1975), Chantal Akerman debutó en el largo con Je, tu, il, elle (1974), título pionero de la representación lésbica en el cine. Mònica Rovira se encomienda a este film en Ver a una mujer, en la que, como Akerman, también se autorrepresenta para plasmar desde la experiencia propia la intensidad de una historia de amor entre mujeres y el dolor causado por su pérdida. También como la directora belga, Rovira opta por el blanco y negro. Pero aquí se impone la textura del cine digital, que se convierte en una herramienta clave para transmitir desde la plasticidad las emociones de la directora. Porque estamos ante una película de narrativa difuminada que se aproxima a menudo a la estética experimental. La luz y las sombras, el agua y la banda de sonido cobran una materialidad telúrica de carácter expresionista, y el desbordamiento de las imágenes acaba reflejando la espiral de emociones de la directora. Rovira toma prestado el título de su película del de un libro homónimo de la escritora Annemarie Schwarzenbach, una de las mujeres más fascinantes de la cultura europea de la primera mitad del siglo XX, que dedicó su texto a la fascinación que le generaba otra mujer. La directora convierte Ver a una mujer en un ensayo autorreflexivo sobre cómo plasmar visualmente el deseo entre mujeres esquivando las trampas de la mirada masculina. Y sobre cómo el fracaso en el amor puede conducirte a abandonar el cine… para acabar reencontrándolo.
Tiempos de deseo (2020) Raquel Marques
Directora portuguesa establecida hace años en Barcelona, Raquel Marques ha desarrollado una práctica cinematográfica que a menudo refleja una concepción compartida de la autoría (ha cofirmado piezas con María Zafra, Joana Frazão y María Romero), y recoge la experiencia de la vida cotidiana más allá de la heteronormatividad. En Tiempos de deseo se centra en un aspecto todavía poco visibilizado en este sentido: el deseo de (no) ser madre. La directora parte de un momento de cambio generacional cuando, al acercarse a los cuarenta años, se da cuenta de que varias mujeres que conforman su entorno cercano, su comunidad, se plantean la experiencia de la maternidad. Esto supone para ella, que no quiere tener hijos, un trastorno. Como confiesa desde la voz en off que acompaña, ella había imaginado un futuro diferente. Y es desde esa nostalgia de una idea de colectivo que de repente se transforma que decide acompañar el embarazo de Bea. Como es recurrente en su obra, Marques orquesta una pieza de cotidianidad doméstica que se acerca a una experiencia, la de la maternidad, que no sigue una hoja de ruta definida por la pareja heterosexual. Al mismo tiempo también plasma cómo se despliegan los afectos, los vínculos, las dudas, el apoyo mutuo, los anhelos y los miedos entre mujeres que optan por conformar formas de intimidad que desafían los conceptos tradicionales de familia, amor y amistad.
La amiga de mi amiga (2022) de Zaida Carmona
La única ficción de los cuatro largometrajes presentados, La amiga de mi amiga confiesa ya desde su título la filiación con el cine de la nouvelle vague y los films de Éric Rohmer. Zaida Carmona se desvía de un registro habitual en muchas películas lésbicas, el del drama más o menos romántico, para firmar una comedia "bollo" de enredos en la que las protagonistas se enamoran y se desenamoran unas de otras a partir de encuentros azarosos por la ciudad. El film entronca así con una tradición del cine francés que además convierte la cinefilia de sus protagonistas en uno de sus rasgos identificativos: la escena más romántica se produce, como no, durante una proyección de El rayo verde de Rohmer. Pero también se declara heredero de títulos como Go Fish (1994) de Rose Troche, que ya celebraba la atracción entre un grupo de amigas desde un tono desenfadado que cuestionaba las fronteras tradicionales que separan la amistad de la relación sexoafectiva monógama. Con muchas invitadas especiales y algunos encuentros inesperados, La amiga de mi amiga también puede leerse como un retrato desde la ficción de una cierta escena lésbica en Barcelona: de sus conexiones, lugares de encuentro, aficiones e inquietudes.
Alteritats (2023) de Alba Cros y Nora Haddad
La conciencia de grupo desde la que las directoras en nuestro país ejercen una práctica de cine lésbico se pone de manifiesto en el hecho de que la codirectora de Alteritats, Alba Cros, también ejerce de actriz protagonista y directora de fotografía del film comentado con anterioridad, La amiga de mi amiga. En este caso se le suma Nora Haddad, especialista en sonido que debuta aquí detrás de la cámara. La voluntad de reivindicar la diversidad de las experiencias y las identidades lésbicas define este largometraje ganador, entre otros, del Premio Ciutat de Barcelona 2024. El film evoca en el arranque la figura de Safo desde un paisaje mediterráneo casi abstracto, para aterrizar enseguida en un presente concreto en el que conocemos las vidas de diferentes mujeres desde su testimonio en primera persona. Se nos presentan Manoly y Carla, madres de una criatura, con el desafío que supone para la primera vivir la maternidad desde la identidad trans; Khali explica por qué no ve contradictorio ser trabajadora sexual, lesbiana y feminista; Mo Benet experimenta hormonalmente con su cuerpo como forma de hackear el código binario que conforma nuestra sociedad; Dolors Majoral y Núria Aleu aportan la experiencia de la edad y defienden el derecho a un "separatismo" lésbico; Fatou Cabdou y Gina Balde narran su experiencia como catalanas racializadas; y Alf Anguil nos sitúa el lesbianismo en el olvidado mundo rural… Una constatación de que la representación lésbica se imbrica necesariamente con la conciencia interseccional.
CON EL APOYO DE LA GENERALITAT DE CATALUNYA.
