REPORTAJES

Neopioneras del cine catalán — Las que empezaron a andar

Cuando se habla de pioneras en el cine, la imagen que nos viene a la cabeza es la de las mujeres que, en los primeros años del siglo XX, se incorporaron al nuevo arte que estaba naciendo. Por eso, al pensar en el pequeño grupo de cineastas que, a finales del mismo siglo, en la década de los noventa, dieron un paso al frente para intentar abrirse camino en el mundo del cine —y, de paso, abrirlo a generaciones posteriores—, parece mejor usar el término "neopioneras".

Nuria Vidal

Las que empezaron a andar

No son muchas, apenas una docena, todas nacidas entre mediados de los años cincuenta y 1968. Mujeres jóvenes, adolescentes o casi niñas cuando acabó la dictadura franquista en 1975. Con formaciones y experiencias muy distintas, estas directoras, que crecieron durante los años de la joven democracia española y catalana, fueron capaces de decir: "Aquí estamos, hemos venido para quedarnos y no seremos las únicas; si acaso, las primeras".

Es justo hablar de directoras porque, en esos años, era casi imposible encontrar mujeres en cualquier otro oficio en el cine. Más allá de los dos trabajos que se consideraban aptos para ser ejercidos por ellas, el de script y el de montadora, era difícil hallar profesionales femeninas en una industria dominada por la presencia masculina en todos sus sectores. En este contexto, estas neopioneras se atrevieron a ponerse al frente de equipos formados casi exclusivamente por hombres

Todas ellas debutaron entre 1988 y el año 2000. Doce años en los que sus nombres empezaron a llamar la atención de la crítica y del público, poniendo en evidencia una realidad incuestionable: no había mujeres haciendo cine en Catalunya y muy pocas en España. A mediados de los ochenta, cuando Rosa Vergés empezó como script o Mireia Ros y Silvia Munt como actrices, no existían escuelas de cine. La única manera de acceder a la profesión era trabajando en la industria o haciendo un cine de guerrilla. Por eso, los recorridos que siguieron para dar este importante salto fueron muy diversos.

SU VALENTÍA AL DESAFIAR UNA INDUSTRIA DOMINADA ECONÓMICA Y ESTRUCTURALMENTE POR HOMBRES FUE EL PRIMER PASO PARA ABRIR UN CAMINO QUE DESPUÉS HAN SEGUIDO MUCHÍSIMAS MÁS MUJERES. SU EJEMPLO ES IMPORTANTE Y MERECE TODO EL RECONOCIMIENTO.

Nacida en 1960, Isabel Coixet, una de las primeras cineastas y, sin duda, un referente para varias generaciones de directoras, llegó desde la inocencia de creer que podría hacer una película con su amor al cine, sus films en super-8 y su formación como historiadora del arte. Demasiado viejo para morir joven (1988) fue un duro golpe para ella al ser una película muy maltratada, Isabel era demasiado joven para que la dejaran hacer cine. Tardaría ocho años en volver a dirigir y lo hizo en Estados Unidos con una película que ella considera su verdadera primera película, Cosas que nunca te dije (1996). Isabel Coixet es la prueba de que, con constancia, inteligencia y, sobre todo, trabajo, se puede tener una carrera internacional sin perder las señas de identidad, como queda claro en Tres adioses, su último film (2025). 

Rosa Vergés (1955) tenía veinte años cuando murió Franco. Su imaginación, su curiosidad y su pasión por el cine la llevaron a estudiar Historia del Arte, donde había una asignatura de Historia del Cine, y a trabajar en el teatro universitario. Poco a poco fue pasando del teatro al cine, intentando descubrir cómo se hacía una película. Desde 1977 hasta 1987 trabajó como meritoria, ayudante de dirección y script. Aprendió con muy buenos maestros y, cuando decidió dar el salto, lo hizo de la mano de una joven productora, Rosa Romero, que la acompañó en su debut en 1990. Boom Boom fue un boom total con el que Rosa Vergés demostró que se podía hacer cine comercial personal, se podía conectar con el público y ganar premios. También fue ella una de las grandes impulsoras de la ESCAC, fundada en 1994, la primera escuela de cine de Catalunya, vivero de muchas cineastas que han comenzado y consolidado sus carreras en el siglo XXI. Rosa Vergés es el ejemplo de cómo se puede llegar a dirigir pasando por todos los oficios del equipo de dirección en el rodaje de una película.

En 1995 debutaron dos directoras muy diferentes y con trayectorias muy alejadas entre sí: Mar Targarona, nacida en 1953, y Marta Balletbò-Coll, nacida en 1960. 

Mar Targarona empezó en el teatro como actriz antes de decidirse a pasar a la dirección haciendo publicidad. En 1990 fundó, junto con su marido, Joaquim Padró, la productora Rodar y Rodar y, en 1995, decidió convertirse en directora de cine con Muere, mi vida, un film con una producción internacional. La importancia de Mar Targarona no reside tanto en su faceta como directora, sino en haber sido una de las primeras productoras-directoras que desde Rodar y Rodar ha apoyado la carrera de importantes nombres del cine contemporáneo, como J.A. Bayona y Oriol Paulo. Aunque está enfocada en la producción, Targarona continuó con su carrera como directora con El Cuco (2023).

Marta Balletbò-Coll es un caso muy diferente. Nacida en Hospitalet del Llobregat, estudió Químicas, trabajó como periodista y descubrió su vocación por el cine en un máster que hizo en Estados Unidos gracias a una beca. Trabajó en publicidad antes de unir sus fuerzas con Ana Simón en la fundación de una productora, Costabrava Films, que toma el nombre de su debut como directora, Costa Brava. Costa Brava fue la primera película que mostró una historia de amor entre lesbianas con un tono de comedia desenfadada. Film completamente independiente, Costa Brava fue un gran éxito en los circuitos de festivales LGTBIQ+, convirtiéndose en una película de culto y referente indispensable para las directoras que han seguido explorando el cine queer. Pero Marta se adelantó a su tiempo y la industria no le permitió mantener una carrera continuada. Lamentablemente, Balletbò-Coll tan solo dirigió dos películas más.

Dos años después, en 1997, una película fundacional reúne a cinco directoras de cine en un experimento titulado El dominio de los sentidos: Nuria Olivé-Bellés, Isabel Gardela, Judith Colell, María Ripoll y Teresa de Pelegrí. Las cinco han continuado trabajando en el cine, aunque con muy diferente proyección. 

Nuria Olivé-Bellés (1957) ha desarrollado gran parte de su carrera como cineasta en Estados Unidos, especializándose en un cine experimental que combina la danza y la performance artística. Poco conocida por las nuevas generaciones, aunque en el año 2003 la Mostra Internacional de Films de Dones de Barcelona le dedicó una retrospectiva, Nuria Olive-Bellés merecería ser rescatada del olvido.

Isabel Gardela (1965) empezó trabajando como ayudante de dirección en Boom Boom de Rosa Vergés. Tras varios cortometrajes, participó con el episodio El olfato en El dominio de los sentidos. Su primera película en solitario, Prenent-te (2000), es una historia de amor entre una escritora catalana y un vendedor de flores indio musulmán. Desde entonces, Isabel Gardela se ha dedicado prioritariamente a la enseñanza como profesora asociada del Departamento de Comunicación de la UPF.

Judith Colell (1968) inició su carrera como script y ayudante de dirección con Jordi Cadena en el rodaje de Els Papers d’Aspern (1991). Desde el principio, Judith tuvo muy claro que la enseñanza y el compromiso eran tan importantes como dirigir. Por eso, sin dejar nunca de hacer cine, ha dedicado mucho esfuerzo a la enseñanza. Fue una de las fundadoras de CIMA (Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales) y se ha implicado activamente en las academias de cine, primero en la española y, desde el 2021, como presidenta de la Academia de Cine Catalán. Judith ve el cine como compromiso y como creación. Su última película, Frontera (2025), ganó el Gaudí a la mejor película este año.

María Ripoll (1964) tiene un recorrido muy distinto. Estudió en la Fémis de París, fue ayudante de dirección entre 1987 y 1989 y, en 1990, se marchó a Los Ángeles a trabajar. Cuando volvió tenía muy claro lo que quería hacer: cine para todo el mundo, cine comercial. Tras su debut en el largo con el film colectivo El dominio de los sentidos, María emprendió una carrera internacional, pero en el 2003 volvió a Barcelona, donde ha desarrollado toda su filmografía. María Ripoll es una de las pocas directoras de encargo, con un don especial para la comedia. Su última aportación es El fantasma de mi mujer (2026).

Teresa de Pelegrí (1968) sólo ha dirigido tres películas después de El dominio de los sentidos. Sin embargo, su nombre, casi siempre asociado al de su marido, Dominic Harari, aparece como guionista en títulos muy significativos de Joaquín Oristrell (Novios, Sin vergüenza, Inconscientes). Su último trabajo como guionista ha sido en la serie The Head de los Hermanos Pastor. Teresa de Pelegrí supo reconducirse hacia la escritura de guion en momentos en que dirigir no era fácil para una mujer.

Entre las neopioneras hay tres que llegan por una vía muy distinta a la de sus coetáneas. Son actrices que se convierten en directoras cuando sienten la necesidad de contar sus historias y contarlas como ellas quieren. Son Mireia Ros, Sílvia Munt y Laura Mañá. Mireia y Sílvia son prácticamente del mismo año, una de 1956 y la otra de 1957, Laura Mañá es un poco más joven, del 1968. Pero las tres dieron el mismo salto y por razones muy parecidas. 

Protagonista en 1978 de Alicia en la España de las maravillas, de Jorge Feliu, Mireia Ros fue un rostro habitual en muchas de las producciones de TV3 y en un cine muy comercial que le dio popularidad. En 1996, y de la mano de la productora Marta Figueras, debutó como directora con La Moños, un film de época que recupera un personaje olvidado del submundo barcelonés que, en cierto modo, anuncia el que será su principal trabajo como directora, el hermoso falso documental Barcelona, abans que el temps ho esborri (2010).

Tras una larga y muy importante filmografía como actriz, con títulos inolvidables como La plaza del Diamant, Alas de mariposa o Secretos del corazón, Sílvia Munt debuta en la dirección en 1999 con Lalia, un corto en el que ya se pueden apreciar los rasgos de su cine: la delicadeza en el tratamiento de los temas y la preocupación por el mundo de las mujeres en contextos de opresión. Desde entonces, Silvia ha compaginado sus dos caras de actriz y directora hasta convertirse en un referente indiscutible para todas aquellas actrices que desean dar el paso a colocarse detrás de la cámara. Con Las buenas compañías (2023), y tras recibir este año el Gaudí de Honor, Sílvia Munt continúa haciendo un cine comprometido.

Laura Mañá fue descubierta como actriz por Antonio Chavarrías, quien la convirtió en la protagonista de Manila (1991). Laura aprendió con Chavarrías que el cine debe tener un público y que el camino para llegar a este público puede ser el cine de género. Su primera película, en el año 2000, fue Sexo por compasión, una tierna comedia sobre la represión sexual en un pequeño pueblo. Comenzar con este film fue determinante en su formación como directora. A partir de entonces, Laura se atrevió a tocar temas espinosos —el sexo en la tercera edad, la muerte— en films que van desde comedias negras hasta oscuros thrillers, como Morir en San Hilario o Palabras encadenadas. Las irresponsables (2025) es por ahora su última película.

Estas son las doce neopioneras que podemos reivindicar. Su valentía al desafiar una industria dominada económica y estructuralmente por hombres fue el primer paso para abrir una puerta que después han cruzado muchísimas más mujeres. Todas ellas siguen activas de una u otra manera: dirigiendo, dando clases y conferencias, comprometidas con las reivindicaciones feministas y profesionales, apoyando y aconsejando a las generaciones más jóvenes. Su ejemplo es importante y merece todo el reconocimiento.

CON EL APOYO DE LA GENERALITAT DE CATALUNYA.

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